Estados Unidos ha sido capaz de capear muchas crisis por lo que no hay que darlo por muerto a la primera de cambio. Hoy sin embargo, sufre una crisis política, otra social, una económica y una crisis militar. La crisis de su sistema político hace muy poco probable que pueda resolver las otras crisis en las que se debate y que podrían ocasionar su ruina.
El Factor Trump
El Presidente Trump fue elegido por la incapacidad evidente del Presidente Biden. Pero también muchas esperanzas se pusieron en Trump: el fin a las guerras interminables, el control del Gasto Público, la concentración en los problemas internos de Estados Unidos, el fin a la inmigración desatada y "last but no least", la reforma al sistema político.
A prácticamente un año y medio del comienzo de su segundo gobierno, es claro que Trump no es la persona que puede resolver los problemas gigantescos de USA. Ha dado "palos de ciego" con los aranceles ante la imposibilidad de devaluar el dólar (en 150% según algunos comentaristas) para que regrese la sanidad económica; no controla el gasto público (la renuncia o el despido de Elon Musk recién comenzado el Gobierno, dejó en evidencia que apenas le hizo cosquillas al déficit probable de 2 trillones, con reducciones de 150 billones como confiesa el Gobierno de Trump o peor, reducciones de solo 60 billones como lo señalan algunos analistas). Mas aún, contra el deseo mayoritario de los ciudadanos de USA (61% según el Pew Research Center a las tres semanas de iniciado el conflicto), Trump apegó inmediatamente a la guerra que contra Irán comenzó Israel contribuyendo al asesinato del Líder de Irán y su familia, Ayatollah Khomeini, ¡el fin de semana previo a terminar el día Lunes 2 Marzo negociaciones de paz!
A favor de Trump solo parece contar el control de la inmigración desatada que no parece cambiar la percepción de los ciudadanos: 41% aprueban a Trump mientras el 58% lo desaprueban según Rasmussen y según el New York Times el 58% lo desaprueban y 38% lo aprueban.
Trump fracasó en su primer gobierno (2017-2021). Tres columnas de este Blog lo evaluaron en Enero del 2021. Su primera presidencia podría pasar como una de las tantas presidencias mediocres que se ven en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Pero lo que la hace diferente es que se suponía que Trump podía contribuir a resolver los grandes males que afligen a Estados Unidos y entre ellos, la reforma del sistema político. Su fracaso en dos presidencias es así una causa muy importante en la gran frustración que sienten hoy los ciudadanos de su país.
El Problema Político
Un problema de Estados Unidos se agravó desde 1991 cuando cae la URSS y Estados Unidos proclama la doctrina Wolfowitz: "Nuestro primer objetivo es evitar la reaparición de un nuevo rival, ya sea en el territorio de la antigua Unión Soviética o en cualquier otro lugar, que suponga una amenaza del orden de la que suponía antes la Unión Soviética". Según la IA de Google "su objetivo central (de la Doctrina Wolfowitz) fue asegurar la hegemonía unipolar de EEUU, previniendo la reaparición de un nuevo rival geopolítico, promoviendo el unilateralismo y la acción militar preventiva". Estados Unidos en 1991 se echó encima mi más ni menos, que ¡la dirección y control del mundo! ¡Ni más ni menos, de todo el mundo! ¡Como si fuera poco la administración de un país de 330 millones de habitantes, Estados Unidos pretendió ser el líder del mundo! ¡Policía y gobernante de TODO EL PLANETA! ¡Así de simple! ¡A lo que ha llegado "la hubris", la arrogancia de los dirigentes de Estados Unidos! Debieran aprender de los líderes de China que saben que solamente con China tienen un problema casi inmanejable, un país de más de ¡1300 millones de habitantes! Suficiente para indigestar a los dirigentes más capaces. A pesar de la propaganda occidental que ve fantasmas chinos por todos los rincones del planeta, si algo caracteriza a la política exterior China es su extrema prudencia: lo último que sus dirigentes desean es hacerse cargo del planeta o de porciones de él.
Desatendiendo Su Propio País
Este afán de manejar el mundo y desatender su propio país ha de ser una de las causas de un mal que puede dar por tierra con la democracia en Estados Unidos. Lo describió el Pew Research Center en una investigación que publicó el 15 de Abril del 2026: el 77% de los ciudadanos de Estados Unidos dijeron que el sistema político necesita un cambio mayor o bien una reforma completa. A pesar de ello, el 49% de los estadounidenses no creen que ello vaya a suceder. El 25 de Septiembre del 2015 Gallup publicó el resultado de una investigación bajo el título "Mayoría en Estados Unidos considera necesario un tercer partido político importante", de modo que en poco más de diez años la opinión pública en Estados Unidos, el "País Excepcional", pasó de querer un tercer partido político importante a un cambio mayor de su sistema político o bien a una reforma completa de él. Por eso "diez años no son nada" en la vida política de Estados Unidos.
Trump o el Gran "Frustrador"
Diez años de más frustraciones han cambiado el humor de la opinión pública estadounidense, diez años en los cuales Donald Trump ha sido un protagonista de la política de Estados Unidos, diez años que lo han visto ejercer dos veces la Presidencia de su país. Es ese cambio de humor de la opinión pública la mayor acusación a los dirigentes políticos de Estados Unidos, y entre ellos en primer lugar, Donald Trump. Que sea mentiroso, pedófilo (si lo es), ignorante de la economía y de la fuerza militar, es sin duda importante, pero es su condición de gran "frustrador", el primer responsable de la frustración que existe en la opinión pública por un sistema político que se mantiene igual al que existía el 2015, antes de las dos presidencias de Trump, la que lo condena definitivamente,
¿Reformar qué?
No hay que escarbar mucho en los acontecimientos de la Segunda Presidencia de Trump para encontrar algunas orientaciones útiles para reformar el sistema político. Entre ellas el financiamiento de las campañas par elegir representantes y senadores. El sistema que rige hoy no da para más y es claramente una verguenza. Es intolerable que Elon Musk donara cientos de millones de dólares para financiar la campaña presidencial de Trump. No fue un caso único: los grandes donantes fueron los que realmente se disputaron la Presidencia de Estados Unidos. Por lado y lado. En la elección presidencial del 2016 Doña Hillary Clinton se compró al Partido Demócrata. Con fondos de su campaña le prestó cientos de millones de dólares al Partido Demócrata para salvarlo de la quiebra con una gran condición: ¡que éste siguiera sus instrucciones! (Por eso renunció la Presidenta del Partido Demócrata de la época) Los ejemplos se repiten hasta el infinito en todo orden de campañas. Los candidatos se venden de cien maneras diferentes. Por ejemplo las empresas que atienden pedidos de la Secretaría de Defensa se preocupan de instalar fábricas en todos los Estados de la Unión para que los representantes y senadores de los Estados sientan particular gratitud hacia estas empresas. Los "lobbies" deben quedar sujetos en la Reforma Política, a estrictas regulaciones que les impidan dirigir la política de Estados Unidos. Hoy los que mandan son los "lobbies" de las armas, el de las farmacéuticas, el de Israel, los de las Universidades... En un país que declara que quiere ser el árbitro del mundo obviamente la Presidencia y los cargos de elección popular son muy valiosos y por eso es que en las elecciones las cifras que se mueven son siderales, protegidas naturalmente por los pequeños donantes que permiten salvar la cara de las donaciones de los grandes lobbies. El Poder Mundial cuesta caro y los que aspiren a él deben entrar a la "danza de los millones"
Trump estiró la cuerda con las autorizaciones del Congreso para algunas de sus medidas. Desató una verdadera guerra comercial aplicando aranceles que le parecieron adecuados. Después de un año la Corte Suprema declaró que el Presidente por si solo no puede imponer aranceles y que ellos deben ser aprobados por el Congreso con lo que restableció la norma que siempre había seguido Estados Unidos. Una reforma política debe dejar esto en totalmente en claro. Algo similar sucede con los conflictos militares. Parece ridículo que un Presidente los pueda enfrentar sujeto a su mero arbitrio. Sin embargo es lo que ha hecho Trump en el conflicto con Irán convencido que bastaba su voluntad para volver a Irán a la Edad de las Cavernas, amparado en la norma que le da 60 días al Presidente para obtener la autorización del Congreso para participar en un conflicto militar. Una norma que es absurda considerando la tecnología de los misiles que hace que las guerras hoy se resuelvan en pocos días, por lo que el Presidente de Estados Unidos debería recabar la autorización del Congreso antes de 24 horas del comienzo de las acciones militares.
También en un país como Estados Unidos que está marcado por su deuda federal la que alcanza ya niveles insospechados (125% del PIB), cualquier Reforma Política debe considerar que las iniciativas para imponer nuevos gastos del Gobierno Federal han de ser necesariamente del Ejecutivo. Es una condición necesaria pero no suficiente para que Estados Unidos pueda restablecer el orden en sus finanzas públicas.
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